Felicidad despeinada

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Mucho se está hablando de la felicidad hoy, parece que está de moda, las redes sociales se llenan de #100HappyDays celebrando aquellas pequeñas cosas que nos traen motivos para celebrar.

Soy una apasionada de la alegría, creo firmemente que una sonrisa abre puertas y que la actitud con la que hacemos las cosas hace milagros, pero me resisto a una felicidad prefabricada, light, superficial…que insiste en mostrar caras felices, éxito, logros y un perfecionismo inalcanzable que solo lleva a crear personajes acartonados con poca tolerancia a la frustración y una autoestima constantemente amenazada.

Prefiero una felicidad despeinada, llena de cicatrizes, con championes desgastados, raspones y algún que otro llanto vergonzante, fruto de una vida vivida intensamente.

No creo que haya algo más contraproducente que los caminos para la felicidad que te hacen sentir como un bicho raro si no meditás dos horas por día, ejercitás a diario y evitás las grasas trans. Sin embargo, hay actitudes que nos sabotajean algo que debería ser nuestro mayor derecho y obligación como personas.

Ahora que llegó la primavera, el aire nos tira buenas vibras, todo florece al fin y se me contagió un optimismo radical (o realismo para arriba, como me gusta decirle), me gustaría compartir con ustedes alguna de mis ideas para lograr una felicidad radical y revolucionaria, no dejen de poner las suyas en los comentarios!

(Pero antes les dejo mi canción primaveral preferida)

Deleitarse en las pequeñas cosas. Muchos postergan su felicidad hasta que llegue un golpe de suerte, un viaje, terminen la carrera o encuentren al amor de su vida. Son pura queja y reclamo, viendo todo lo que les falta. ¿Y qué si eso que tanto querían nunca llega o llega y no es lo que pensaban? Más allá de que está bueno que te toquen cosas positivas, siempre hay oportunidades para alegrarse y soprenderse en cada día…encontrar esa canción que nos mueve, admirar las flores en el camino, encontrar una carta que una amiga nos escribió cuándo eramos chicas, leer un poema que nos inspire, encontrarse con un amigo después de un tiempo, una charla profunda o andar en bicicleta…

Ser agradecidos SIEMPRE. El mundo no nos debe nada y el solo hecho de estar vivos es un milagro inconmensurable. Quien no valora lo que tiene HOY, y se ve envuelto en la codicia tiene un pasaje asegurado a la miseria. Cuando vivimos con un corazón agradecido, inconscientemente atraemos cosas buenas y disfrutamos más lo que tenemos en frente.

No poner nuestra felicidad en manos de nada ni nadie. Si bien es verdad que muchas personas colaboran a nuestra felicidad y tienen el don de robarnos siempre una sonrisa, nadie merece cargar con el peso exclusivo de nuestra felicidad, ni nosotros merecemos cargar con la felicidad del otro.

Pero tampoco creernos autosuficientes. Pedir ayuda está bien, nadie puede con todo, siempre va a haber alguien de mucha confianza dispuesto a prestarnos un oído y ayudarnos, aunque no sea la persona que pensábamos.

Aceptar los “picos bajos”. No se puede estar arriba todo el tiempo, ser feliz también implica procesar emociones que parecen negativas, expresarlas, sacar lo mejor de ellas y construir a partir de eso. Evitar enfrentar un problema o algo que nos lástima solo va a hacer que explotemos en el momento menos esperado.

Aceptar la confusión como algo natural. Todo pasa, el misterio es parte de la vida (y de las cosas más lindas), nadie se las tiene a todas claras, algunos simplemente lo disimulan mejor que otros.

Nada personal. El mundo no está en tu contra, la gente no está dedicada a hacerte la vida imposible. Puede que tengas enemigos, que le caigas mal a gente, pero la mayoría de las personas tienen preocupaciones y ocupaciones más grandes que nosotros, bien nos haría dejar de creer que somos el centro del mundo y dejar de tomarnos demasiado en serio.

Soltá. Resentimientos, personas, situaciones que están fuera de tu control y que no aportan y esclavizan. ¡Hay tanto que sobra en nuestra vida y evita que dejemos lugar para las cosas mejores que están por venir o que veamos todo lo bueno que ya tenemos.

No basar nuestra felicidad en el resultado. La vida da vueltas inesperadas e insospechadas. Obviamente no hay nada más lindo que ver el resultado de meses o incluso años de esfuerzo, pero hay que disfrutar el camino. Hay cosas que van a salir mal, errores que vamos a tener que pagar, pero a la larga o a la corta todo es aprendizaje, conviene disfrutar el proceso.

El pasado pasó. Podemos idealizarlo, torturarnos por cómo podría haber sido, que hubiera pasado si hubieramos hecho tal o cual cosa…pero la verdad es que no podemos volver el tiempo atrás, tampoco conviene vivir en negación de lo que pasó, lo mejor es construir a partir de las experiencias, pero no martirizarnos por posibilidades que siempre son infinitas.

El futuro es incierto. ¿Cuántes veces gastamos energía en solucionar un problema que nunca va a llegar? ¿O nos consume la ansiedad por cosas que pueden o no pasar?  Está bueno tener metas a largo plazo, pero que ellas no nos impidan aceptar los desafíos reales del presente y aprovechar las oportunidades que se presentan hoy.

Liberá las expectativas. Aunque está bueno que haya gente que crea en una, a veces me resulta agobiante que personas tengan expectativas sobre mí, de vez en cuando me invade un pánico de no poder cumplirlas, o de quedarme corta, también duele idealizar a las personas, y enfrentarse a frustración cuando no cumplen con el molde. Lo mejor es no esperar nada de nadie, y concentrarse en lo que una tiene para ofrecer. Lo demás si tiene que venir que venga por añadidura.

Prohibido comparar. Estamos constantemente expuestos a la vida de los otros, tanto así que a veces parece más importante mostrar felicidad que tenerla. Nunca sabemos que hay detrás del otro (¿son horas o incluso años de esfuerzo? ¿Lágrimas escondidas? ¿Quién sabe?) o que pasa detrás de puertas. Insiprarse en los demás está bueno, pero la obsesión enferma. En vez de estar preocupado por el otro, preocupate porqué estás tan preocupado por la vida del otro. No hace mal recordar que cada cual tiene su camino para ser feliz.

¡Feliz primavera! (u otoño, si están del otro lado)

Michelle

Pd, Siguiendo con el tema, comparto el Happiness Project una iniciativa que hizo mi amiga Gaby hace unos meses en Suecia y de la que participé. 🙂

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3 comentarios en “Felicidad despeinada

  1. Pingback: Mismo Cielo

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