La brújula interior

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“Las aventuras son para entrar en ellas. Escribió en cierta ocasión Hebbel: « Si te atrae una lucecita, síguela. ¿Que te conduce a un pantano? ¡Ya saldrás de él! Pero si no la sigues, toda la vida te martirizarás pensando que acaso era tu estrella.»” Jose Luis Martin Descalzo, Contra la Indecsión.

Caminos intransitados, callejones que parecen sin salida, pantanos que nos embarran hasta la nariz y sofocan hasta el agotamiento, rodillas raspadas y alguna que otra cicatriz, ¿Hasta dónde nos llevará seguir esa brújula que tenemos en el interior? Las encrucijadas se abren, y sin pedirlos, aturden los consejos, que más que aclarar nos hacen mirar al infinito con cara de perdidos. Ofrecen sensatez, seguridad ridícula, remedios contra esa locura que nos hace correr sangre por las venas y nos invita a aventurarnos en esa imprudencia que es vivir.

Si les hacemos caso, puede que encontremos seguridad, pero que cada tanto nos asome ese atrevido y molesto “¿que hubiera sido si…?”. Si los ignoramos, a la primer caída aquellos soberbios consejeros nos dan la espalda y no sin antes bombardear con insolentes “te lo dije”. Ignoran que quizás ese tropezón nos llevaba a exactamente dónde teníamos que estar o era parte de un camino que nunca es recto, pero siempre es apasionante. No les interesa, su obsesión son la simplificación y los resultados inmediatos.

De tanto en tanto, cuando se acerca la oscuridad, bordean las lágrimas, el camino parece no llegar a ninguna parte, o estamos cansados de intentar salir del barro, asoman el arrepentimiento y las dudas sobre las decisiones pasadas. A veces le damos vueltas y vueltas al tema, pensando en todo lo que podríamos haber hecho para no terminar ahí. Ya no queda a nadie a quién culpar, el único responsable somos nosotros.  Puede que nos gane la impaciencia, y desanimada exija resultados inmediatos frente a esas cosas que necesitan tiempo.

Y sin embargo, la lucecita sigue latiendo, quiere honrar ese milagro que es vivir. Sabe que no hay nada más gratificante que vivir en autenticidad y que hacerse cargo de su propia vida. Afirmarse en cada decisión, tomar las riendas, arriesgar la vida por lo que cree que es justo. Porque el que no arriesga, pierde, y no hay nada más temporal, ni ilusorio que la derrota. Confía a pleno en ese instinto que llama, en la conciencia incorruptible, en la aventura que invita.

Quizás, con el diario del lunes, habría hecho las cosas distinto. Pero ¿Los tropezones, caídas y embarradas no habrán sido el precio de esa revelación interior?

Al final, nadie sabe a dónde nos va a llevar esta aventura que es la vida. Nadie sabe si aquella inocente decisión va a terminar siendo la decisión de nuestra vida, o si aquella que parecía tan trascendente va a morir en el anonimato. Tampoco sabemos si detrás de los senderos angostos que a veces nos ofrece la vida se encuentra el paisaje más alucinante de todos, o si aquello que parecía un camino ideal no conduce a ninguna parte. Solo queda seguir y seguir caminando, siempre fieles a eso que llevamos dentro.

Michelle

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