Feminista sí, femenina cuando puedo

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Via https://forallwomankind.com/posters/

Cuando tenía 11 o 12 años, por esas casualidades de la vida, encontré en la biblioteca del colegio libro sobre feminismo escrito para adolescentes. No recuerdo si antes había escuchado la palabra, tampoco recuerdo el nombre del libro, ni exactamente que decía (algún día lo voy a encontrar), sólo sé que aquel llamado a luchar por un mundo en el que mujeres y hombres tuvieran la misma dignidad me atravesó la fibra justiciera: antes de entrar al liceo, antes de que la cuestión estuviera constantemente en la discusión pública, me identifiqué por primera vez como feminista.

Durante los años que siguieron tuve mis contradicciones. No siempre coincidí con grupos que se identificaban con el feminismo, algunas opiniones nos situaban aparentemente en veredas contrarias, esas que cuando una se está formando y tomando postura pesan, aunque luego nos demos cuenta que son meras ilusiones. Lecturas y un poco de Google de por medio, y descubrí que el feminismo tiene varias interpretaciones, y que todas esas luchas internas que en su momento tuve las habían tenido otras, había lugar para todas. En definitiva eso es lo que busca el feminismo. Un lugar para todas. Un lugar.

Si buscás equidad entre hombres y mujeres, sos feminista, no le des más vueltas, ni te achiqués por movidas que no compartas, si te da el tiempo y las ganas organizá las tuyas propias que sí te representen, o desde tu lugar, hacé tu aporte. Empoderate del lugar que te toca en esta lucha. Hacete consciente; no es fácil cuando operan tantos sesgos inconscientes en el camino (si te quedan dudas mirá este video) y desigualdades que no se ven o no se quieren ver (hola, techo de cristal).

El camino no es una línea recta. Las mismas contrariedades que viví en mi adolescencia me pesaron el pasado 7 de marzo, cuando a través de un grupo en Facebook vi la convocatoria – para unas horas antes de la marcha del 8-, a una movida frente a la iglesia del Cordón. Sospechaba que iba a terminar mal, y no sólo eso…si algunas mujeres  usaban en 8M como disparador para insultar a la religión que practico (y por transitiva a mí), ¿qué lugar tenía yo en esa marcha?

Pero una invitación (de un grupo católico, dicho sea de paso) que me llegó y me convenció de que mi lugar estaba ahí, marchando. Defendiendo desde mi lugar esa lucha en la que tanto creo, caminando por las que no tienen voz, por las víctimas de la violencia, por la que está lejos, incluso por las que no están de acuerdo con “estas movidas”. La marcha era diversa sí, habían distintas formas de pensar, distintas maneras de interpretar la lucha por la equidad. Pero en definitiva eso es lo que busca el feminismo, que todas tengamos voz, que tengamos espacio para decir lo que se nos cante, incluso para disentir.

No voy a hablar mucho de lo que pasó en la Iglesia del Cordón ahora, quienes quieran leer algo sobre el tema les recomiendo la carta de Milton Trocolli, Obispo Auxiliar de Montevideo, que me pareció muy acertada y que ayuda a calmar un poco las aguas. Pasar por en frente a la Iglesia durante la marcha me partió el alma sí, y creo que este tipo de actos además del daño que hacen también excluyen a las cristianas que marchaban por la equidad o a las que no lo son pero no comparten las formas, como también a las que no marchaban pero que sentían la causa igual de suya.  Me dolió sí, pero no quiero que sea una bomba de humo para no ver lo que está pasando o un disparador para que algunas se autocensuren.

Mujeres siguen muriendo a manos de sus parejas, algunas no mueren pero es casi como si lo hicieran, un millón de veces. Su realidad genera impotencia… ¿Cómo hacemos para cuidarlas si ni siquiera en su casa encuentran seguridad?

Adolescentes transitan noviazgos violentos a oscuras. En una etapa en la que se están formando y la autoestima está en construcción constante, la vergüenza evita que pidan ayuda. El silencio sobre esto temas hace que se sientan solas, cuando (lamentablemente) es una realidad mucho más común de lo que parece. ¿Cómo acompañamos su construcción de autoconfianza? ¿Cómo educamos a sus amigos (generalmente los primeros en enterarse) para que puedan acompañarlas, sepan a quién acudir en situaciones graves?

Lo tradicionalmente asociado como lo femenino es visto en muchos ámbitos como signo de debilidad. Mujeres son obligadas a “hacerse hombres” y sofocar cualquier asomo de sensibilidad para hacerse un lugar en algunos ambientes profesionales. Y aun así, la ridícula brecha salarial existe. Ni que hablar de esas preguntas que en las entrevistas laborales nunca les hacen a los hombres. Por otra parte, los hombres son llevados a asumir masculinidades tóxicas, a mostrar poder mediante la violencia, a no llorar en público ni reflejar emociones, eso es de débiles, a nadie le importa si se están quebrando por dentro.

Como sociedad seguimos viendo a algunas tareas como de segunda y otras de primera. Los cuidados tienen la misma jerarquía que el trabajo remunerado, se viven como una carga. Hombres desaparecen de la crianza de sus hijos, en muchos casos se pierden el privilegio de verlos crecer bajo el mandato de proveer sin descanso. Nos olvidamos que la presencia del padre y de la madre en la vida del niño es igual de importante. Las tareas de la casa no reciben jubilación. Se ignora la importancia de lo que sucede en el hogar bajo el pretexto de que es algo privado, cuando muchas veces (si no siempre), es pilar y fundamento de lo público.

Estas semanas leí por ahí que alcanzar la equidad de género nos va a tardar 200 años. Me pareció una exageración hasta que me acordé. Me acordé de que hay demasiados círculos en que las mujeres no entran por barreras estructurales. Me acordé de las historias de mujeres alrededor del mundo (para visualizar esto el libro “La Mitad del Cielo” (“Half the Sky”) de Nicholas Kristof y Sheryl WuDunn es lectura obligatoria) donde no son consideradas sujeto de derecho, o de las historias de mujeres rurales, de acá a la vuelta, tan invisibilizadas. La lucha no puede parar hasta que en todos los rincones del planeta las mujeres dejen de ser vendidas cual mercancía, o negadas de algo tan básico como educación y atención médica.

En estos últimos días, en muchos discursos, pancartas e incluso artículos periodísticos, se buscó instalar una falsa oposición entre feminismo y femenino. Nada más ridículo. El feminismo busca empoderar a lo femenino, darle el lugar que le corresponde en la valoración social. Pero también busca– y ahí algunos tiemblan – abandonar toda noción de “lo femenino” funcional a los intereses de algunos y que nos corta las alas, evitando que seamos todo lo que podemos ser.

Tengo la esperanza de cuando la lucha termine, todos miremos atrás y nos veamos más libres que antes. Quizás ahí muchos hombres se den cuenta que de alguna manera, la lucha también era para ellos.

 

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2 comentarios en “Feminista sí, femenina cuando puedo

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