Elige tu propia aventura

art-backlit-dawn-595747

Siempre fui de esas personas que tienen un entusiasmo desmedido por su cumpleaños. Aunque cada año me agarra de manera diferente, siempre me da una felicidad tremenda irme acercando al día.

Me encanta la oportunidad a conectarme con amigos y familia de cerca y de lejos, de dejar volar la imaginación un rato y pensar en el festejo acertado, pero más que nada me gusta tener una excusa para celebrar la vida, que es insólita, apasionante y con toda su intensidad y altibajos vale la pena, o mejor dicho las alegrías.

Sin embargo, este año, el 25 de febrero de noche – el día antes- por un instante, en vez de estar saltando por las paredes como de costumbre, me vinieron nervios. Un poco de miedo. En esos momentos de reflexión a los que me impulsa cambiar de cifra, por un momento pensé en dónde me imaginaba que estaría a los 28 hace diez, cinco, dos años…en todas las cosas que no hice, las veces que fracasé, otras que no llegué al intento…y como tantas millenials (al fin me reconcilié con la palabra) también pensé en mis insuficiencias en la búsqueda de independencia, en cómo mientras me saltan en redes historias de veintiúnañeros que se hacen megamultimillonarios, una está ahí remándola, jugándose algún cinco de oro para poder delirar con la independencia (y la casa propia).

La nube negra me duró un minuto…porqué después volví al mundo de las posibilidades. En medio de lo que no hice, apareció lo que sí hice…cosas que no me hubiese imaginado en la vida, trenes a los que me subí, amistades improbables y alucinantes, charlas profundas, puntos en el camino que se conectaban de maneras insólitas, encuentros con nuevas formas de pensar, de hacer, de compartir, de cambiar el mundo aunque sea un poquito, y hasta momentos de ocio (cuanto miedo le tenemos a esa palabra hoy en día) que me llenaron el alma o a lo sumo recargaron las pilas…perderme por librerías, ciudades, bicicletear por ahí.

Con ese cambio de chip, los 28 me encontraron en la mejor…brindando, comiendo cosas ricas y rodeada de personas que quiero, optando por vivir cada día cual “elige tu propia aventura”. Porque podemos hacer un millón de planes, pero al final la vida se presenta como se presenta.  Esto no quiere decir que no la laburemos, que no trabajemos para lograr cosas, pero al final del día después que hagamos todo lo que podamos, se dará o no, hay distintas condicionantes. Pero está en nosotros mirar atrás y pensar en lo que no fue, o tomar impulso para lo que se viene. O vivir en standby esperando resultados a futuro o disfrutar el hoy. Y por eso elijo bailar en la incertidumbre.

Crecer me emociona, porque me voy haciendo cargo, de mis emociones, de donde estoy, del mundo al que estoy sumando (o restando). Porque de a poquito voy descubriendo que cuanta más responsabilidad asumimos más poder tenemos el poder (sí, al revés que el tío de Spiderman), y más creatividad. También porque ya me dejó de importar tanto lo que piensan los otros, y estoy más enfocada en ser coherente y sincera conmigo misma, y en disfrutar. Porque disfrutar del viaje no es poca cosa, aunque nos quieran hacer correr y sumar méritos y títulos y estar siempre ocupados. Al final (aunque nos escudemos en las reglas que otros inventaron) está en nosotros decidir qué reglas seguimos. Y con los 28 decidí, que el éxito lo va a decidir solo mi brújula interior.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s